Trabajando con diamantes

Cierto, cuando ves por primera vez a la persona nada te hace pensar lo que se esconde detrás del personaje.
Basta con correr la cortinas de lo aparente para que lo real surja. Sí, lo se. A veces esas cortinas son de pesado brocato. Pero a veces son de un sutil voile. No importa lo pesado de la cortina, siempre puede correrse con mas o menos esfuerzo. Y lo que hay del otro lado justifica todo esfuerzo.

Cada persona es un mundo y me encanta aventurarme a recorrer ese mundo. A veces me embarco con indicios claros de a dónde nos dirigimos. Otras veces me sorprendo.
La primera imagen fue una densa nube. Hubo que atravesar la neblina del bajo astral, cruzar puertas y puentes, para adentrarnos en el mundo del cual provenía.
Un ser de piel clara, vestido con telas sueltas, con seis dedos largos, y boca pequeña. Ojos grandes, redondos y azules. Con poco pelo. Casado, con un hijo. El niño de piel mas clarita y cabello largo rubio. Vivían en una caverna y comían un líquido verde (eso me daba mi mama de chiquita y le llamaba exprimido de acelga).

Periódicamente se reunían en otra caverna a socializar en pequeños grupos. Se comunicaban telepáticamente.
Trabajaba afuera, transportando piedras brillantes ¿diamantes?… Un ser que flotaba en el aire controlaba el proceso. Se veía físicamente igual a ellos pero de contextura mas robusta.

Los días mas importantes de su vida fueron cuando conoció a su esposa y cuando nació su hijo.
Abandonó esa experiencia de vida sintiendo que le quedó algo por resolver con la familia.
En esta vida su tikun esta en el signo de cáncer (familia)… ¿casualidad? ¡No! Plan.
Su madre y su padre de esta vida (tikun en el signo de capricornio – opuesto de cancer – ambos) han sido elegidos para apoyar a la persona es su proceso en esta vida. Eran familiares en esa vida en ese planeta.
Misión: ayudar a las personas además de resolver sus temas pendientes de familia.

Como sabemos, la humanidad esta atravesando el proceso de ser cristal, de reconectar con el cristo interior, de dejar de ser carbón para empezar a ser diamante.
¡Gracias por dejarme recorrer ese mundo!
Fue una experiencia mágica.

Quiero dejarte una historia de diamantes que viene al caso.

Me gustaría compartir una historia tomada del libro “Nano. Technology of mind over matter”. Kabbalist Rav Berg. The Kabbalah Centre International Inc.

Hace muchos años en una pequeña ciudad vivía un hombre llamado Dusty Rhodes. Dusty no podía crear una forma de vida decente para su familia. Su mujer Sara y sus siete hijos no tenían suficiente comida y vestido. La vida era una lucha constante. Dusty se dedicaba a fabricar velas. Su forma de vida era caminar por las calles vendiendo las velas que él mismo fabricaba. El problema era que la villa en la que vivía estaba llena de fabricantes de velas, entonces el precio de venta era sumamente bajo. Todos los días Dusty caminaba y caminaba kilómetros enteros para obtener solo algunas monedas por sus ventas. Cada noche cuando llegaba a su casa su esposa lo fastidiaba con la pobre vida que les estaba dando demandando de él el ejercicio de alguna otra actividad. Pero fabricar velas era lo único que Dusty sabía hacer.

Un día, mientras Dusty caminaba en su recorrido habitual de venta, pudo ver el carruaje y el caballo más maravilloso que nunca se hubiera imaginado que existían. Un hombre con una imagen de ser muy próspero abrió la puerta del carruaje y le compró algunas velas. Dusty no pudo resistir la tentación de mirar dentro del carruaje el cual estaba decorado con el más fino terciopelo y adornado con las más bellas joyas. El hombre pudo ver que Dusty estaba realmente impresionado. También pudo ver que Dusty no lo reconoció.

“Dusty, soy yo, Moe! Recuerda que he sido el aguatero de la villa por muchos años”.

Dusty se quedó pasmado. “Moe!” lloró. “¿Qué te ha pasado? ¿Algún pariente rico te recordó en su última voluntad?”

“Dios no lo permita”, dijo Moe. “¡Hice mi fortuna en diamantes y vos podes hacer lo mismo!” Y entonces Moe le contó a su amigo Dusty todo acerca de la misteriosa “Tierra de diamantes”, una pequeña isla localizada al otro lado del mundo. Esta isla, según Moe, estaba repleta de diamantes. Los diamantes eran algo común como la suciedad lo era en la villa en la que vivía Dusty.

“Moe, por favor, te lo suplico”, lloraba Dusty. “¡Decime dónde queda! He luchado toda mi vida tratando de estirar lo que consigo para vivir. ¿Cómo llego a esta isla?” Bien… esta era la parte difícil. Como Moe le explicó, había sólo un bote que llegaba ahí y el viaje tomaba un año de ida y un año de vuelta. Esto quería decir que Dusty se alejaría de su familia por 4 años. Así pasó. La esposa de Dusty no tuvo problema con ello. Muchos años de lucha financiera la habían agotado ya. Una vida de riqueza bien valía unos años de soledad. Entonces le dijo a su marido que tome ese bote y que traiga riquezas.

Dusty hizo lo que su esposa le dijo. Abordó el bote, pasó 12 meses en alta mar hasta que finalmente llegó a la tierra de los diamantes. Nada lo había preparado para lo que vió. Había diamantes por todos lados. De todos los tamaños. De todas las formas. Dusty pensó que estaba soñando. Las calles estaban literalmente pavimentadas con diamantes. Los brillos de los diamantes deslumbraban sus ojos donde sea que fuera. Hasta que finalmente se compuso y Dusty finalmente empezó a llenar sus bolsillos, sus bolsos, sus valijas con diamantes brillantes. Entonces fue a un negocio e intentó comprar una valija mas para seguir llenándola con diamantes. Y ahí fue cuando recibió una sorpresa inesperada.

Cuando quiso pagar la nueva valija con uno de sus diamantes, el vendedor comenzó a reír. “Los diamantes no tienen ningún valor aquí, mi amigo”. Dusty rápidamente entendió y se empezó a reír también. “Por supuesto, los diamantes son la cosa mas corriente aquí”. Pero entonces Dusty comenzó a preocuparse. Se dio cuenta de que no tenía dinero para pagar la valija. Ni siquiera tenía dinero para pagar la comida, cosa que necesitaría para los próximos dos años que tardaría en volver el bote. Había agotado todo su dinero pagando por el viaje a la “tierra de los diamantes”.
Dusty entró en pánico. Cuando llegó la tarde seguía sin saber qué hacer. Empezaba a sentir hambre y no sabía qué hacer sin dinero. Y ese fue el momento en el que se dio cuenta de algo realmente inusual en la “tierra de los diamantes”. Una vez que el sol había caído el lugar estaba completamente oscuro. No había luces en las calles. No había una simple vela ardiendo en la isla. Nadie sabía fabricar velas. ¿Puede ser esto cierto? ¡Qué gran oportunidad!

Dusty inmediatamente comenzó a fabricar velas. La gente de la isla miraba las velas de la misma manera en que Dusty miraba los diamantes. Le compraron velas a lo loco. Rápidamente Dusty no pudo satisfacer la demanda, entonces abrió una pequeña fábrica, contrató alguna gente, y los capacitó en el arte de fabricar velas. En los dos años siguientes, el negocio de Dusty se convirtió en un imperio. Se convirtió en el hombre más rico y el más honorable de la isla. Todos lo amaban. Todos los ciudadanos lo respetaban. Además empezó a exportar velas a las islas vecinas, que tampoco tenían luz.

Dusty tomó el dinero que hizo con la fábrica de velas y lo colocó en un negocio de transporte de manera de poder obtener alguna renta adicional por el transporte de las velas a otras islas. Invirtió el dinero obtenido de estos dos negocios en otro nuevo relacionado también con el transporte de las velas a otras islas. Su imperio de velas y los negocios subsidiarios seguían expandiéndose.

Finalmente, luego de que pasaron 24 meses, el bote de la villa del otro lado del mundo en la cual Dusty vivía, regresó. Entonces Dusty embarcó todas sus riquezas. Le dieron una fiesta digna de un rey. Entonces abordó el bote para retornar a sus amados y navegar por alta mar por otros doce meses.

Cuando Dusty finalmente llegó al puerto de la villa, estaba lleno de excitación. Su esposa y sus hijos corrieron a encontrarlo. Pero cuando vieron a Dusty y el bote lleno de sus riquezas casi desfallecen. ¿Por qué? ¡Dusty había vuelto en un bote lleno de velas! Había velas por todos lados: en sus bolsillos, en los cientos de valijas, en contenedores gigantes cargados en el bote. El había traído a cada un millón de velas. Por supuesto, estas velas valdrían billones al otro lado del mundo. Pero acá, de vuelta en casa, no valían nada.

Dusty Rhodes se había acostumbrado tanto al modo de vida de su mundo temporario que se había olvidado por completo la razón por la cual viajó hacia allá. Había olvidado que era lo verdaderamente valioso para él y para su familia. Y si piensan en la forma en la cual la esposa de Dusty le reclamaba antes del incidente, pueden imaginarse como lo trató por el resto de su destrozada vida!

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