Los viajes… de viaje…

Estamos habitando un viaje, el viaje del alma.

Cada vez que me subía a un avión, o unos días antes, o durante el viaje (viajo por trabajo), pasaba lo mismo.
Algo así como un ataque de pánico incontrolable. Como si, de pronto, algo se apropiara de mi y comenzara a tener vida propia en mi estómago, mis intestinos, mi colón (colonización), mi hígado… y todo el sistema digestivo.
¡Qué es esta porquería que no puedo digerir!

Lo atribuía a la energía del lugar… al principio.
Pero después era tan habitual que no podía ser que a cada lugar que vaya hubiera esa energía. Había algo en mí que movía ese “sentimiento energético” irracional… o dolor ancestral… (me di cuenta después).

Cuando me di cuenta que había algo mas, me decidí a buscarlo.
Y ¡Bingo! ahí estaba.
Aunque estaba tan distribuido entre diferentes situaciones que no se terminó hasta que no detecté todas las situaciones relacionadas con esa irracionalidad. Lo que me di cuenta es que una iba llamando a la otra. Como capas dentro de capas que se movían en equipo.

Mi papá trabajaba como marino mercante cuando yo nací.
No estaba en el lugar y el tiempo del parto. Estaba en otro lugar del mundo que nunca pregunté… ahora ya no hay a quién preguntarle. Tarde me di cuenta… hubiera sido muy importante tener esa información.
Imaginate mi mamá… muy joven, apenas 18 años… sola… embarazada… a punto de parir… pariendo… y el marido de viaje… por trabajo…

¡Sí! DE VIAJE

El pánico que debe haber sentido esa mujer primeriza, sola, con su marido de viaje, mientras mi cuerpito en formación yacía en su útero… Y todas esas emociones se movían en las células, el líquido amniótico y el cordón que compartíamos.

Y si… toda esa emoción de mi madre quedó en mis células… esperando el momento justo… DE VIAJE… para reeditar la historia de la angustia y el pánico. Irracional para mí, justificado para mi madre.
Punto muy importante. No es la verdad de la situación. Es lo que la persona involucrada (en este caso mi madre) percibe acerca de la situación. Indudablemente mi madre sentía esa situación como amenazante.

Esta tarea comenzó en el viaje que hice en Febrero a Los Angeles, luego de que el ataque tuviera consecuencias fuertes. Me vi un día antes del evento (la charla que iba a dar a ExpoVida Conciente sobre Semillas Estelares) sentada en la mitad de la noche en la cama del hotel temblando como una hoja.
Si, lo se… pensarás que fueron los nervios. ¡No! no me dan miedo las charlas, ni las cámaras, ni la gente. Me siento como pez en el agua en esos ambientes. Era algo totalmente irracional que me tenía temblando como una hoja.
En esos momentos no me da ni el discernimiento. Estoy nublada completamente. En un pánico irracional.
Ni siquiera me di cuenta en qué ciudad estaba… pero ahí quedé… temblando. Dura aproximadamente una hora y luego todo se termina.
Así fue.

Fue luego de ese viaje que entendí lo de mi papá viajando por trabajo y mi mamá “temblando” de miedo y ansiedad.

Estaba representando esa escena.

Pero después vino el siguiente viaje. Costa Rica. Ahí me vino el temblor un día antes del viaje. En mi casa. Tuve que cambiar de día de viaje porque el día previsto no podía moverme del estado en el que había quedado. De paso me vino bien porque tuve que cambiar a mi hija de colegio de urgencia.
Ahí tenemos otra vez el tema… mamá-hija-viaje.

Toda la historia se fue resolviendo cuando pasó el temblor… Viajé al día siguiente y todo fue muy relajado y mágico.
Sin embargo cuando volví me dije: ¡hay que terminar con esta historia!
Había que encontrar el hilo conductor de las historias que parecía estar mostrándose…

Dos o tres días antes del siguiente viaje (México) me desperté cantando una canción de The Clash y me la repetía en la cabeza… Should I stay or should I go...
Al principio la repetía sin entender.
Hasta que me di cuenta que había un mensaje.
¿Debo irme o debo quedarme?
¡Otra vez el viaje!
Y me ví buscando la letra para ver de qué se trataba.
Y si… resulta que hay una mujer/hombre, que tiene que decidir si la/lo ama para ver si el otro/la otra se queda o se va. Si la quiere se queda, si no la quiere se va.
Should I stay or should I go.
Ahí me di cuenta…
Mi viaje a Los Angeles de hace 27 años… 1990…si él me quería me quedaba, si no me quería me volvía. ¡Decidite! ¿Me quedo o me voy?
Ese fue uno de los momentos mas emocionales de la historia de mi vida. El mas emocional. Esperando en Los Angeles, DE VIAJE, a que él se decidiera si me quería o no para ver si yo me iba o me quedaba.
El tema es que no iba a casarse conmigo porque podía decirle a la madre (madre-hijo) que yo no era judía… La madre… el viaje… el amor… me quedo o me voy…
El viaje en el que volvía a temblar de emoción… should I stay or shoulg I go…

Pero este viaje me llevó a otro viaje… 2008… Noruega… casate conmigo y venite a vivir a Noruega¡No puedo! Tengo una hija (madre-hija) que tiene un padre que vive en ARgentina.
Este dolor reedito aquel dolor. Pero completó la historia. Aunque con el mismo final. Uno no puede casarse conmigo. El otro no puedo casarme con él… POR LOS VIAJES Y LAS MADRES Y LAS HIJAS.

¿Como no voy a temblar irracionalmente en medio de los viajes?
Con tanta historia emocional que venía cargando.

Parte de mis ancestros. Parte reedición de aquellas historias en mi propia historia.
Amor con hombres que viajan… o viven lejos.
Ahora recuerdo también que dos de los hombres con los que he vivido acá en Argentina uno era de Córdoba y el otro de Santa Fe. Ninguno de los dos de Buenos Aires, donde nací.

Una vez que uní causa y efecto en todas las capas… no quedó rastro del pánico irracional.
La palabra irracional no es inocente en este análisis.

Finalmente, toda sensación desapareció en el último viaje. Nada. Cero. Ni sensación. Ni emoción. Ni nada. ¡Limpia!

Ahora lo puedo contar porque estaba esperando este último viaje (México) para comprobar que toda angustia, miedo, emoción, sensación irracional hubiera desaparecido. Y así fue. No está mas.
Pero como el Universo siempre completa con la frutilla de la torta, había algo mas que tenía que entender… la razón del viaje… no es cualquier viaje, es un fractal del GRAN VIAJE…

Volviendo fui a una magnífica ostéopata. Dice ser osteópata… pero es mucho mas que eso.
Trabajó con mi sistema energético y dijo que me faltaba asociar mi esencia a mi existencia. O dicho en palabras simples: mi alma no estaba INTEGRADA a mi cuerpo. Estaba disociada. Por una lado iba mi esencia y por otro lado mi existencia. Iban en diferentes viajes.

Y si… típico de semilla estelar.

Mi alma seguía en el viaje, esperando nunca tener que encarnarse en este cuerpo minúsculo y limitado.
Pero no puede hacerse el trabajo en su totalidad hasta no estar integrado en su totalidad.
Fue un muy lindo trabajo.
Lo que sentí fue estar de vuelta en el útero materno, libre… sueltita… cooperando con el fluir de la vida.
Ahí entendí el viaje del alma al cuerpo, su funda en esta existencia.
Que también es el viaje del cuerpo en el avión. Otra funda puesta al cuerpo. Fundas dentro de fundas, como si fuéramos cebollas en capas. Plantillas dentro de plantillas. A veces sueltas (y poco poderosas) a veces integradas (con mucha potencia). La carga emocional es lo que hace toda la diferencia y es la razón por la cual las plantillas se desintegran… porque hay cargas o dolores que lo impiden.

Así funciona. Cuando nos vemos envueltos en un tema, el tema tiene muchas capas y muchas aristas diferentes que hay que ir quitando de a poco, como si estuviéramos desentramando una telaraña energética.

Cuando lo logramos, liberamos la carga que estuvimos llevando vaya uno a saber cuánto tiempo y a lo largo de cuantas generaciones.
Recién ahí podemos recuperar la energía que le habíamos entregado a esa capa sin darnos cuenta.
Y eso nos hace no solo recuperar el poder, sino también liberar al ser ancestral colectivo del que formamos parte.
Entonces una gran fuerza energética nos inunda para movernos al siguiente nivel.

Pasos:
1. lo detecto (el miedo o pánico irracional)
2. lo asumo (en lugar de esconderlo abajo de la alfombra)
3. busco
4. busco
5. y sigo buscando
6. hasta que se une causa con efecto

Entonces la sensación emocional energética deja de tener efecto en tu vida cotidiana.
Si, así, como por arte de magia.

¡No me creas! ¡Probalo!

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