El miedo de dejar a los hijos

Te contaba hace unos post del miedo irracional a los viajes.
Ese miedo tiene asociados otros miedos.
El miedo a dejar a la hija cuando una se va de viaje.

Claro, una está acostumbrada a viajar, se va de viaje y deja a su hija al cuidado de personas de confianza. Y todo transcurre amorosa y normalmente. Hasta que llega el llamado telefónico:

¡La nena tiene un dolor en la panza y llamamos al médico!
¡Si! La nena está enferma y vos estás de viaje.

Ahi aparece el siguiente miedo irracional.
Me pasó estando en México.
Este viaje a México ha sido una gran prueba porque no solo he superado el tema “los viajes” y sus miedos irracionales, sino que también he trabajado el miedo irracional asociado al estar de viaje: “la hija dejada sola y enferma”.

Debo confesar que esto podría asociarse al miedo de mi padre. Nací cuando él estaba de viaje. Pero en realidad no me consta que esto pueda funcionar de esta manera porque nunca hablé con mi padre sobre ese posible miedo o culpa o dolor o lo que fuera. No sabemos si en él habitaba algún tipo de emoción al respecto.

Vale aclarar que para que una tome de sus ancestros esas emociones que se representan en la historia personal como un miedo irracional, los ancestros tienen que haber sentido ese miedo.

Había recibido el llamado. La nena necesitaba atención médica.
¡Santo Cielo!
¿Y ahora?

Es en ese momento en el que el pánico irracional se apoderaba de mí.
Es cierto que a esta altura tenía identificado e integrado el miedo al viaje. Pero ahora venía con una manifestación diferente, aunque asociada. La nena.
Cuando las expresiones físicas comenzaron a manifestarse me relajé y me pregunté…

¿Esto es irracional?
¡Si, totalmente!
Entonces no es mío… veamos de donde viene.

Cerré los ojos y comencé a recordar acontecimientos en los cuales mi madre sentía la misma sensación abrumadora que yo misma estaba sintiendo en ese momento.
Recordemos que cuando yo nací mi papá estaba de viaje.
A los 14 – 15 años mi hermana fue hospitalizada por diabetes infantil.
Mis padres no tenían la menor idea de lo que eso significaba. No tenían seguro médico. Ni obra social.
Mi hermana fue internada y tuvo varias recaídas a partir de ese momento.
Mi madre no podía deshacerse del miedo a que, en cualquier momento, su hija otra vez tenía una recaída y había que salir corriendo al hospital con riesgo de vida.
Mi hija tiene 15 años recién cumplidos.

Ah… Si… Ahí está… Este miedo irracional ¡no es mío!

Y ahí se esfumó y pude dormir tranquila.

Aunque antes de irme a dormir recordé que mi primer embarazo fue ectópico y tuve que ser intervenida quirúrgicamente de urgencia con riesgo de vida. Así perdí mi primer hijo.
Al año, tuve un embarazo sin embrión… Me hicieron un legrado. Así perdí a mi segundo hijo.
Mi hija se llama Victoria.
Así gané una hija.

Estas historias que nos habitan forman parte del ser colectivo ancestral que formamos todos los integrantes del clan hasta la tercera y cuarta generación.

Mientras no hagamos conciente lo inconciente, éste dominará tu vida y le llamarás DESTINO.
Carl Gustav Jung.

La libertad de expresar nuestro potencial comienza cuando nos animamos a investigar el ser colectivo ancestral del que somos parte.

Escribí este post hace algunos días… Recién tenía un ataque de sueño… me voy a dormir un ratito y mientras me voy quedando dormida aparece mi abuela materna… ¡Que recuerdo!
Resulta que mi abuela materna tuvo 3 hijas, la menor de las 3 en su adolescencia tuvo polio infantil y quedó con problemas físicos.
Otra vez… la hija…
Es maravilloso como cuando comenzás a tirar de un piolín van surgiendo todos los eventos anudados en esa misma línea…

Cuantos monstruos escondemos en el placard.
Me toco otro reconocimiento yendo a dormir la siesta.
Resulta que recordé que mi papá abandonó a mi hermana, su otra hija, cuando tenía seis meses y la fueron a operar del pié porque tenía un dedo de mas. Si, la abandonó justo antes de una operación.
Bue… va sin juicio. Son cosas que pasan y cosas que hacen los humanos. Pero siguen habitando en el resto de las generaciones hasta que se reconocen y se sueltan…
Miedo a dejar a los hijos…
Un miedo irracional.

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