Agradeciendo al EGO

Muchas veces no tenemos una clara idea de lo beneficioso que puede hacer actuar en conjunto con el ego. Nos dijeron que hay que acallar al ego, que hay que anularlo y cosas por el estilo.
Te voy a contar de un caso que sucedió en una regresión.

Siempre decimos que la lucha es con uno mismo. En las regresiones es el lugar donde más claramente se ve. La persona quiere obtener la información… viene dispuesta a ello. Sin embargo, su ego tiene otros planes. Planes que no te deja conocer hasta que estas en el medio de la situación.

La charla previa venía muy bien. Compartimos situaciones muy personales. La vida de la persona ciertamente había atravesado matices casi imposibles de superar para una persona común y corriente. Sin embargo, la persona había sobrevivido a lo inimaginable… la muerte de una hija a los 8 meses.
Sobrevivir a esa situación genera emociones muy complejas.
Mas que nada sentimiento de culpa… culpa por cualquier cosa. Cualquier excusa es aplicable. Incluso las que a una persona que no experimentó esa situación nunca se le hubieran ocurrido.
Pero… veamos…

La sesión comenzó con la persona acostándose en la camilla mientras preguntaba:
alguna vez te pasó que alguien no haya podido entrar en el proceso

¡Zas! Ahí está… me dije.

Las imagenes comenzaron a salir pero la persona no lograba salir de este mundo.
No había forma.
Se quedó inmovilizada en una playa vacía mirando un océano vacío… en un horizonte sin límites.

No importa lo que hubiera intentado (Dolores nos enseña muchas técnicas para poder movernos de la parálisis), nada parecía funcionar.
Hasta que en un momento nos encontramos con el punto.
Entrando en una caverna, oscura, que descendía, lo vimos.
Un hombre viejo, muy viejo, como si fuera un brujo o un anciano o un sabio… sentando en una piedra.
Por acá no pasarás.
El simbolismo fue tan claro que no quedaron dudas. Hoy, por acá… no pasás.
Cuando le pregunté el nombre del anciano dijo: EGO.

Trabajamos con la imagen del ego y surgió la opción de agradecerle.
Y explicarle que su trabajo ya había terminado. Que había estado muy bien realizado para sostener la sobrevivencia de la persona ante las experiencias que había vivido. Pero ahora comenzaba una etapa nueva.
Ya no era necesario ese nivel de protección y aislamiento.
Ahora había que reconstruir-se y comenzar con la tarea para la cual había venido.
Esto exigía levantar las barreras de seguridad y dejar ingresar el mundo al interior de la caverna.
El anciano estuvo puesto ahí para cuidar la puerta de acceso al interior.
Si hubiera dejado pasar el dolor de las experiencias que la persona había experimentado, la persona ya no estaría en este mundo. Nadie puede soportar semejante dolor.
El anciano hizo muy bien su trabajo.
Pero ese nivel de trabajo había terminado.
Ahora necesitábamos una playa con un océano sin límites para poder construir el paraíso en la Tierra.

Cuando terminamos con la sesión… la persona se extrañó porque no lograba abrir los ojos.
¡Que raro! pensé que nunca había salido de este plano, me dijo.
Otro engaña pichanga del ego. Te hace creer que nada pasó, que todo fue un fracaso, que nunca pudiste salir de acá. La típica frase: me lo inventé todo...

Entender el trabajo del ego es entender por qué estamos en este mundo.
El ego tiende a mostrarnos que ante la “inseguridad” que nos produce la “división/individualidad” a la cual nos vemos expuestos en esta realidad, necesitamos levantar “protecciones/mecanismos de defensa“.
Hay un nivel en el cual esos mecanismos de defensa nos protegen y nos ayudan a la supervivencia del ego.
Pero hay otros niveles en los cuales nos alejan más y más de la experiencia.
Ego activo y ego pasivo.

Nuestra misión es aprender a medir el equilibrio justo de nuestro compañero de viaje.
A apaciguarlo cuando se activa o se pasiva.
A aceptarlo.
A comprenderlo.
Y a hacerlo nuestro mejor aliado.

Cuando la vida nos enfrenta a experiencias que requieren nuestro máximo nivel de vibración, lo mejor es mandar el ego adelante para que reciba los golpes.
Es la única manera de sobrevivir al dolor.

La persona de la regresión tiene un don. El don de la visión.
Un don exquisito que es fácil ver desde afuera pero muy díficil ver desde adentro.
Un don que hay que tener coraje para traer a este mundo porque la mayoría de la gente humana no soporta la verdad. Prefiere esconder abajo de la alfombra. Y re-acciona cuando la visión es puesta al servicio de la verdad.
La verdad duele e incomoda. Entonces nadie la quiere.

Las experiencia de este ser la han llevado a tener que ver y entender ese don.
La vida la fue empujando a que lo haga.
Con las herramientas que la vida usa para apoyar a sus mejores aliados. ¡Todas!
Nunca nos expone a algo más grande que lo que podemos experimentar.
Pero cuando tenemos ese coraje… nos da todas las pruebas necesarias para que podamos salir fortalecidos.
Y es en ese fortalecimiento donde está nuestro poder y nuestra luz.

¡Si! Es cierto.
No es una experiencia que cualquiera pueda experimentar.
Por eso no se la dan a cualquiera.
Solo se la dan a los que ESTAN LISTOS PARA HACER LO QUE HAY QUE HACER Y SER LO QUE HAN VENIDO A SER.

Gracias.
Gracias a ese ser que se ha animado a dar lo mejor de sí.
Gracias porque la luz que baja ese ser atravesando esa experiencia, es la luz de la cual nos alimentamos todos los que estamos aquí y ahora.

Y gracias a su ego también por haberla protegido de la manera en la que lo hizo.
Con fortaleza y sabiduría.
Ahora… empieza otra etapa.

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Un comentario sobre “Agradeciendo al EGO

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